Además, también conocemos las relaciones existentes entre los lados y los ángulos. Y es gracias a estas relaciones, y a que las conocemos, que podemos calcular alturas y distancias. Y no solo de forma teórica, sino de mucha aplicación en la vida real.
Quizá hoy, con la tecnología de que disponemos, parezca ridículo pararse a conocer y practicar estas formas de calcular alturas, distancias, volúmenes... Sin embargo, es a partir de estos conocimientos desde donde ha ido surgiendo la tecnología que hoy disfrutamos.
"Estamos situados en lo más alto de un edificio. Y, a cierta distancia, podemos ver otro edificio, también alto, pero no tanto como en el que nosotros estamos. Al entrar por la puerta, vimos un cartel en el que se informaba de la altura del edificio (150 metros). Ahora nos preguntamos si podríamos, sabiendo la altura del edificio en el que estamos, averiguar la altura de ese edificio que está a cierta distancia.
De pronto, alguien dice que sí, que sí puede. Que solo necesita mirar con mucha atención al edificio de enfrente, y que, antes de salir del edificio en el que estamos, nos dirá la altura del otro. Aunque, ya que no dispone de la herramientas adecuadas, nos dice, lo hará con un margen de error. Necesita calcular unos ángulos y no está cien por cien seguro de que sean los correctos. Así pues, sí: se le concede por mayoría el margen de error solicitado. Y será de cinco metros.
Al acabar la visita, y antes de abandonar el edificio que hemos visitado, nos comunica su veredicto: el edificio de enfrente mide: 75

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