martes, 6 de marzo de 2018

El atraco (basado en hechos reales)

Te llama la atención porque es grande y alto y además, no sabes muy bien por qué, te parece extranjero.



Al momento confirmas que no es español. Ahora está hablando con otro tipo más alto que él y más delgado.

Deduces que van juntos y te da la impresión de que están disimulando, es decir: no te cuadra que ese par de gorilas estén comprando ropa en plan parejita.

Las alarmas se han disparado. Decides disimular tú también y te alejas pero sin dejar de observarlos.

Te acercas a tus hermanas pero de momento decides no ponerlas al corriente. No es la primera vez que te llaman loco.

Te asombra lo bien que disimulan ¡Hasta se acercan al probador con ropa para no llamar la atención! Sin embargo, a ti no te engañan: sabes que en cualquier momento se va a producir un robo.

Como estás escamado, y tus hermanas no te van a hacer ni caso, decides salir a la puerta y, así, por lo menos, podrás pedir ayuda en cuanto todo empiece.

Te has fumado un cigarro pero tus hermanas todavía no han terminado. ¡Tanto se tarda en elegir un regalo!

En la calle, la noche y el suelo mojado por la lluvia persistente durante toda la tarde, no hacen sino confirmar tus sospechas: hoy es un día perfecto para cometer un atraco.

Vuelves dentro de la tienda. Siempre pendiente de los rusos (ahora lo ves claro), te acercas a tus hermanas de nuevo y las conminas a que terminen cuanto antes. 

Se ríen y no te hacen ni caso. Vuelves a la calle, y mientras te haces un cigarro, encuentras a un nuevo personaje.

Vestido de blanco, y con una cadena de oro al cuello, localizas al jefe de los atracadores. 

Es verdad, deduces, los gorilas de dentro no son más que simples esbirros. Hasta que el jefe no dé la señal de ataque no pasará nada.

Se te ocurre entonces que quizás ha llegado el momento de llamar a la policía. ¿Quién puede parar todo esto antes de que alguien salga herido?, te preguntas.

Pero tus hermanas ya han terminado de comprar y te alejan del lugar de los hechos sin que puedas hacer nada.

Al fin, y después de todo, te alegras de escapar de allí. Hasta que escuchas...

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