En el que se hace constar que, pese
a sus nombres en "os" y en "is",
los héroes de la historia que vamos a tener el honor de contar a nuestros lectores no tienen nada de mitológicos.
No es mi intención hacer aquí y ahora un análisis de esa curiosa obra, y me contentaré con remitir a ella a aquellos lectores que aprecien los cuadros de época. Encontrarán ahí retratos esbozados de mano maestra. Y aunque esos bocetos estén, demasiado a menudo, dibujados sobre puertas de cuartel y paredes de tabernas, no dejarán de apreciar, con tanto parecido o más como en la historia del señor Anquetil, las imágenes de Luis XIII, Ana de Austria, el cardenal Richelieu y la de la mayoría de los cortesanos de la época.
Es sabido que lo que sorprende el espíritu caprichoso del poeta no siempre es lo que impresiona a la masa de lectores. Y hubo algo que llamó nuestra atención: en la primera visita de D´Artagnam al señor de Tréville (capitán de los mosqueteros del rey), aquel cuenta que en la antecámara encontró a tres jóvenes que tenían por nombre Athos, Porthos y Aramis.
Estos tres nombre extranjeros nos sorprendieron, e intuimos que no eran más que seudónimos con los que D´Artganam había disimulado (la Bastilla y demás) nombre tal vez ilustres. Aunque quizá no fueran inventó de D´Artagnam, si no nombres escogidos por ellos mismos cuando se habían endosado la simple casaca de mosquetero.
A partir de este momento, buscamos de forma incesante hasta encontrar una huella cualquiera de esos nombres en las obras de la época.
A punto del abandono, encontramos por fin, guiados por los consejos y sabiduría de nuestro ilustre amigo Paulin Paris, un manuscrito in-folio (con la signatura número 4772 ó 4773) titulado así:
" Memorias del señor conde de la Fère, referentes a algunos de los sucesos que pasaron en Francia hacia finales del reinado del rey Luis XIII y el comienzo del reinado del rey Luis XIV".
Al fin, encontramos en la vigésima página el nombre de Athos, en la vigésimo séptima el nombre de Porthos y en la trigésima primera el nombre de Aramis.
Lo que hoy ofrecemos a nuestros lectores es la primera parte de ese manuscrito, y comprometiéndonos a publicar inmediatamente la segunda si, como esperamos, esta primera parte obtiene el éxito que merece.
Mientras tanto, y como el padrino es un segundo padre, invitamos al lector a echar la culpa de su placer o de su aburrimiento a nosotros y no al conde de La Fère.
Sentado esto, demos paso a nuestra historia.