miércoles, 18 de octubre de 2017

Prefacio (Los tres mosqueteros, Alejandro Dumas)

En el que se hace constar que, pese 
a sus nombres en "os" y en "is", 
los héroes de la historia que vamos a tener el honor de contar a nuestros lectores no tienen nada de mitológicos.

Hace aproximadamente un año, cuando hacía investigaciones en la Biblioteca Real para mi historia de Luis XIV, di por casualidad con las "Memorias del señor D´Artagnam", impresas - como la mayoría de las obras de esa época, en las que el autor o autores pretendían decir la verdad sin ir a darse una vuelta más o menos larga por la Bastilla- en Amsterdam, por el editor Pierre Rouge. El título me sedujo: y en mi casa las devoré, con el permiso del señor bibliotecario, claro.

No es mi intención hacer aquí y ahora un análisis de esa curiosa obra, y me contentaré con remitir a ella a aquellos lectores que aprecien los cuadros de época. Encontrarán ahí retratos esbozados de mano maestra. Y aunque esos bocetos estén, demasiado a menudo, dibujados sobre puertas de cuartel y paredes de tabernas, no dejarán de apreciar, con tanto parecido o más como en la historia del señor Anquetil, las imágenes de Luis XIII, Ana de Austria, el cardenal Richelieu y la de la mayoría de los cortesanos de la época.

Es sabido que lo que sorprende el espíritu caprichoso del poeta no siempre es lo que impresiona a la masa de lectores. Y hubo algo que llamó nuestra atención: en la primera visita de D´Artagnam al señor de Tréville (capitán de los mosqueteros del rey), aquel cuenta que en la antecámara encontró a tres jóvenes que tenían por nombre Athos, Porthos y Aramis.
Estos tres nombre extranjeros nos sorprendieron, e intuimos que no eran más que seudónimos con los que D´Artganam había disimulado (la Bastilla y demás) nombre tal vez ilustres. Aunque quizá no fueran inventó de D´Artagnam, si no nombres escogidos por ellos mismos cuando se habían endosado la simple casaca de mosquetero. 
A partir de este momento, buscamos de forma incesante hasta encontrar una huella cualquiera de esos nombres en las obras de la época.
A punto del abandono, encontramos por fin, guiados por los consejos y sabiduría de nuestro ilustre amigo Paulin Paris, un manuscrito in-folio (con la signatura número 4772 ó 4773) titulado así:
" Memorias del señor conde de la Fère, referentes a algunos de los sucesos que pasaron en Francia hacia finales del reinado del rey Luis XIII y el comienzo del reinado del rey Luis XIV".
Al fin, encontramos en la vigésima página el nombre de Athos, en la vigésimo séptima el nombre de Porthos y en la trigésima primera el nombre de Aramis.
Lo que hoy ofrecemos a nuestros lectores es la primera parte de ese manuscrito, y comprometiéndonos a publicar inmediatamente la segunda si, como esperamos, esta primera parte obtiene el éxito que merece.
Mientras tanto, y como el padrino es un segundo padre, invitamos al lector a echar la culpa de su placer o de su aburrimiento a nosotros y no al conde de La Fère. 
Sentado esto, demos paso a nuestra historia.



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