lunes, 22 de octubre de 2018

Borges versus Arlt



Cómo nace un texto según Jorge Luis Borges


Empieza por una suerte de revelación. Pero uso esa palabra de un modo modesto, no ambicioso. Es decir, de pronto sé que va a ocurrir algo y eso que va a ocurrir puede ser, en el caso de un cuento, el principio y el fin. En el caso de un poema, no: es una idea más general, y a veces ha sido la primera línea. Es decir, algo me es dado, y luego ya intervengo yo, y quizá se echa todo a perder.
En el caso de un cuento, por ejemplo, bueno, yo conozco el principio, el punto de partida, conozco el fin, conozco la meta. Pero luego tengo que descubrir, mediante mis muy limitados medios, qué sucede entre el principio y el fin. Y luego hay otros problemas a resolver; por ejemplo, si conviene que el hecho sea contado en primera persona o en tercera persona. Luego, hay que buscar la época; ahora, en cuanto a mí “eso es una solución personal mía”, creo que para mí lo más cómodo viene a ser la última década del siglo XIX. Elijo “si se trata de un cuento porteño”, lugares de las orillas, digamos, de Palermo, digamos de Barracas, de Turdera. Y la fecha, digamos 1899, el año de mi nacimiento, por ejemplo. Porque ¿quién puede saber, exactamente, cómo hablaban aquellos orilleros muertos?: nadie. Es decir, que yo puedo proceder con comodidad. En cambio, si un escritor elige un tema contemporáneo, entonces ya el lector se convierte en un inspector y resuelve: “No, en tal barrio no se habla así, la gente de tal clase no usaría tal o cual expresión.”
El escritor prevé todo esto y se siente trabado. En cambio, yo elijo una época un poco lejana, un lugar un poco lejano; y eso me da libertad, y ya puedo fantasear o falsificar, incluso. Puedo mentir sin que nadie se dé cuenta, y sobre todo, sin que yo mismo me dé cuenta, ya que es necesario que el escritor que escribe una fábula “por fantástica que sea” crea, por el momento, en la realidad de la fábula.
FIN

==>Cómo se escribe una novela según Roberto Arlt<==


“Aguafuertes porteñas”, diario El Mundo, 14 de octubre de 1931
El jefe de redacción del diario ha pasado un día a las nueve de la mañana por la redacción; otra tarde a las tres, una noche a las nueve; un amanecer a las dos, y me ha encontrado siempre rodeado de papeles, hecho un forajido, con la barba de siete días, tijera descomunal al costado y frasco de goma agotándose.
Entonces, el jefe de redacción se ha detenido frente a mí, diciendo:
-¿Se puede saber qué diablos hacés? Escribís todo el día y no entregas una nota sino cada muerte de obispo.
He tenido que contestarle:
-Querido jefe: estoy terminando mi novela Los lanzallamas que sale el treinta de este mes a la calle.
-Bueno. Escribite una nota de cómo se hace una novela.
-Encantado. (Al mismo tiempo es publicidad).
Modos de escribir una novela
Mucha gente tiene curiosidad de saber cómo se escribe una novela. Qué trabajos pasa el autor. Entremos en materia.
Hacer una novela, requiere más o menos el espacio de un año y medio. Cuando el autor se pone a trabajar los personajes que intervienen en la acción están casi modelados. Es decir, se han ido formando en un plazo más o menos largo, en su imaginación. Hay autores se que se trazan un plan estricto y no se apartan de él ni por broma.
Ejemplo: Flaubert. Otros nunca pueden establecer si su novela terminará en una carnicería o en un casamiento. Ejemplo: Pirandello. Unos son tan ordenados que fijan en su plan datos de esta categoría:
El personaje estornudará en la página 92, renglón 7; y otros ignoran todo lo que harán. Es lo que le pasó a Dostoievsky, cuya novela El crimen y el castigo fue en principio un cuento para una revista. Insensiblemente el cuento se transformó en una novela nutrida y espantosa.
El novelista “pur sang” aborrece cordialmente el método (aunque lo acepte), los planes y todo aquello que signifique sujeción a una determinada conducta.
Escribe de alguna manera lo que lleva adentro, bajo la forma de uno o de diez personajes.
Para no extraviarse totalmente, hace apuntes de las líneas importantes de la acción. El material se acumula a medida que pasan los meses.
Problemas del autor
En el novelista instintivo, los personajes proporcionan sorpresas de seres vivientes. Así por ejemplo: X en un momento dado insultó a N, contra todas las previsiones del escritor.
El autor se dice:
-Es absurdo que X lo insulte a N. No tiene que insultarlo…Luego se olvida de este suceso y un día, en un momento en que está más distraído, una voz misteriosa dice en su interior, aclarándole la incógnita:
-X insultó a N, recordando que N le había hecho una trastada en otra época.
A mí me pasó un caso curioso en Los Lanzallamas. Un personaje mata a otro. La escena estaba trazada satisfactoriamente, el crimen descripto como era debido; pero yo no estaba satisfecho. Allí había algo que no era claro para mí. Y de pronto, esa voz que me refería antes, me dijo:
-¡Claro! Fulano fue un bárbaro al matarlo a Mengano. Mengano en el instante que entró a su cuarto se encontraba en estado sonambúlico.
Inmediatamente se aclararon para mí un montón de enigmas. La mirada fija con que Mengano se introducía descalzo en la habitación del que lo iba a matar.
Problemas así se presentan a montones en el autor instintivo. En vez de autor, debía ser denominada secretario de personajes invisibles. Hace lo que ellos le mandan.
Goma y tijera
Terminado el grueso de la novela, es decir lo esencial, el autor que trabaja desordenadamente, como lo hago yo, tiene que abocarse, con paciencia de benedictino, a un caos mayúsculo de papeles, recortes, apuntes, llamadas en lápiz rojo y azul.
Comienza la tarea de tijera. Estos 20 renglones de la parte 3 están de más; el capítulo número 5 es pobre en acción; el 2 carece de paisaje y es largo; el 6 está recargado.
El paisaje, que no tiene relación con el estado subjetivo del personaje, se confecciona al último. A veces falta el final de una parte: el autor lo dejó para después, porque no le dio importancia a ese final. Ahora, en el momento de apuro, se da cuenta que ha hecho una burrada; que el final era importantísimo y tiene que estudiarlo al galope y redactarlo vertiginosamente.
Sin embargo, a pesar de todos los inconvenientes que el sistema enumerado ofrece, nunca un autor trabaja mejor que entonces. Después de una semana de corregir durante diez u ocho horas diarias, yo he perdido cinco kilos de peso, los nervios vuelan. Parece en realidad que no está trabajando sobre la tierra, sino en la cresta de una nube. Se mira a las mujeres con la misma indeferencia con que un sonámbulo observa las fachadas de las casas.-

martes, 6 de marzo de 2018

El atraco (basado en hechos reales)

Te llama la atención porque es grande y alto y además, no sabes muy bien por qué, te parece extranjero.



Al momento confirmas que no es español. Ahora está hablando con otro tipo más alto que él y más delgado.

Deduces que van juntos y te da la impresión de que están disimulando, es decir: no te cuadra que ese par de gorilas estén comprando ropa en plan parejita.

Las alarmas se han disparado. Decides disimular tú también y te alejas pero sin dejar de observarlos.

Te acercas a tus hermanas pero de momento decides no ponerlas al corriente. No es la primera vez que te llaman loco.

Te asombra lo bien que disimulan ¡Hasta se acercan al probador con ropa para no llamar la atención! Sin embargo, a ti no te engañan: sabes que en cualquier momento se va a producir un robo.

Como estás escamado, y tus hermanas no te van a hacer ni caso, decides salir a la puerta y, así, por lo menos, podrás pedir ayuda en cuanto todo empiece.

Te has fumado un cigarro pero tus hermanas todavía no han terminado. ¡Tanto se tarda en elegir un regalo!

En la calle, la noche y el suelo mojado por la lluvia persistente durante toda la tarde, no hacen sino confirmar tus sospechas: hoy es un día perfecto para cometer un atraco.

Vuelves dentro de la tienda. Siempre pendiente de los rusos (ahora lo ves claro), te acercas a tus hermanas de nuevo y las conminas a que terminen cuanto antes. 

Se ríen y no te hacen ni caso. Vuelves a la calle, y mientras te haces un cigarro, encuentras a un nuevo personaje.

Vestido de blanco, y con una cadena de oro al cuello, localizas al jefe de los atracadores. 

Es verdad, deduces, los gorilas de dentro no son más que simples esbirros. Hasta que el jefe no dé la señal de ataque no pasará nada.

Se te ocurre entonces que quizás ha llegado el momento de llamar a la policía. ¿Quién puede parar todo esto antes de que alguien salga herido?, te preguntas.

Pero tus hermanas ya han terminado de comprar y te alejan del lugar de los hechos sin que puedas hacer nada.

Al fin, y después de todo, te alegras de escapar de allí. Hasta que escuchas...

- ¿Tú también participas, no? Son cuarenta cada uno.

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